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Daiquiri

SOMOSDEABRIL Buenos Aires, Argentina

(Este relato fue escrito en español como su idioma original)

Daiquiri

¡Muero por un Daiquiri! – Dijo Noelia cuando faltaba poco para llegar a nuestra casa. La miré con reproche, ya era tarde en esa noche de jueves, considerando que debíamos levantarnos temprano al otro día. Acostumbrado a ceder ante sus deseos, estacioné en la puerta de nuestro bar favorito, cerca de casa. Un sitio sin muchas pretensiones, pero donde Mauricio prepara los mejores Daiquiris de la zona. Noelia bajó el parasol para verse en el espejo, acomodó su pelo, reforzó el rojo de sus labios y, antes de que me diera cuenta, estaba arreglándose el vestido parada en la vereda. -¡Listo! – Anunció, e inmediatamente entramos al bar. Se accede por un estrecho pasillo a la izquierda, al fondo se ve una escalera que da a los baños, y a mitad de camino, la puerta doble de entrada al salón. Una vez adentro, dos mesas interrumpen el paso, de frente y contra una pared, un viejo juego de sillones con una mesa enana donde dos parejas ríen mientras comparten cervezas, unos metros hacia la derecha, la ventana desde donde se ve la calle y a una distancia similar pero hacia la izquierda, Mauricio nos sonríe asombrado detrás de la barra. Noelia devolvió el saludo con una sonrisa y yo con la mano, mientras enfilábamos hacia la mesa cerca de la ventana que se desocupaba en ese momento. A nuestro paso, el vestido de Noelia atraía las miradas de los presentes, sin distinción de género negro y ajustado como un guante, un poco por encima de las rodillas, cerrado al cuello y sin mangas, con un cierre sugerente que lo recorría todo a lo largo del frente. Acerqué su silla y colgué el saco en mi respaldo. – ¡Qué elegancia! – Dijo Mauricio, quien ya se había acercado para recibir la orden. – Me llevó a cenar a un lugar muy top – justificó Noelia sonriendo. – Mauri, quiero un Daiquiri, pero quiero que lo prepares vos – Dijo con voz melosa. – Estoy solo, así que no queda más remedio. – Respondió cómplice. – ¿Vos, mi amor?, ¿lo de siempre? – Asentí con la cabeza. – ¡Perfecto! Daiquiri y Negroni. – Dijo Mauricio retirándose hacia la barra, mientras dejaba un ticket en la mesa vecina. Lo seguimos con la mirada aprovechando para recorrer con la vista el local. Pocas mesas ocupadas, las dos parejas de los sillones se levantaban sin dejar de reír. En un extremo de la barra, dos hombres conversaban mientras sostenían sus vasos en la mano. El lugar estaba animado por una música chill out muy suave. Mauricio volvió con los cocktails y aprovechando que una pareja se retiraba, fue a cerrar la persiana. Noelia esbozó un gesto de reproche. – No se preocupen, disfruten el trago – tranquilizó. En ese momento me di cuenta de que, junto con los hombres de la barra, éramos los únicos que quedábamos en el local. Noelia, divertida, daba pequeños sorbos a su Daiquiri mientras lanzaba sensuales miradas hacia la barra, incomodando a los hombres que bebían cerveza. Yo, en silencio y arrastrado por los acordes metálicos de la música, trataba de develar los pensamientos que pasaban por la cabeza de mi mujer, cuando el sonido del sorbete anunciando el final del Daiquiri me trajo nuevamente a la realidad. – ¡Mauri!- llamó Noelia – ¿te enojas si te pido otro? – ¡Con vos no podría enojarme jamás! – coqueteó el barman. – Ya lo preparo, ¿algo más? Respondí negativamente y Noelia aprovechó para subir al baño. Al regresar preguntó: – ¿Me miraron el culo? Era inevitable así vestida y con su forma de caminar los hombres la siguieron hasta perderse de vista en el piso superior. Al regresar, ella había bajado el cierre de su vestido, formando un escote que dejaba ver buena parte de sus generosos pechos. El que estaba de frente a la escalera, un sujeto calvo, con barba, llamó la atención de su compañero, que se dio vuelta inmediatamente sin importarle mi presencia. – Te desnudaron con los ojos – respondí sonriendo justo al momento en que Mauricio se acercaba con la copa. Posó el trago sobre la mesa y su mirada en el profundo escote de Noelia, quien al darse cuenta, dio un largo sorbo al trago al tiempo que retenía a Mauricio sujetándole la muñeca. – Espera, no te vayas. ¿Quiénes son esos de la barra? – preguntó. – Dos clientes que vienen seguido – respondió el barman entre nervioso y excitado sin quitar la vista de los pechos. Mientras ella, con su mejor cara de puta bajaba el cierre unos centímetros más. – ¿Te gusta? Mauricio me miró desencajado como buscando aprobación. – Lo que ella quiera – dije con serenidad, sintiendo una fuerte erección en mi entrepierna. – Ven Mauri, vamos a darle una alegría a tus clientes – y diciendo esto, lo llevó de la mano hasta los sillones empujó suavemente al barman para que se sentara y, aún parada, comenzó a bailar frente a él al ritmo de la música mientras bajaba lentamente el cierre. Los hombres de la barra habían dejado sus vasos y me miraban asombradísimos. Con un gesto tranquilizador los invité a formar parte de la escena de la que eran espectadores. El de barba fue el primero en arrimarse lentamente, mientras el otro, más joven y vestido con camisa azul, lo seguía. Para ese momento, Noelia estaba vestida sólo con sus stilettos, arrodillada ante Mauricio y practicándole una fellatio de antología. Los otros comenzaron a acariciarla suavemente, caricias que se convirtieron en un manoseo descarado a medida que los jadeos de mi mujer se hacían más intensos. De pronto, Noelia se incorporó y comenzó a cabalgar lentamente sobre el miembro de Mauricio. Miró al de barba y le dijo: – Peladito lindo, chúpame la cola. – e inmediatamente arrastró hacia sí al de camisa azul, tomó su pene y comenzó a lamerlo con dedicación. A esas alturas ya todos se habían olvidado de mí, que observaba toda la escena desde mi silla. Noelia, excitadísima, dirigía todo. La combinación de la lengua del barbado y la verga de Mauricio le había provocado dos orgasmos, que por supuesto disfrutaba el de camisa cuando ella intensificaba sus chupadas. El de barba intentó cobrar su premio penetrándola por el ano, pero ella se resistió diciendo: – ¡No! ven que te la voy a chupar, que me la meta éste que la tiene más chica. Ambos obedecieron, el de camisa azul comenzó a penetrar el ano de Noelia, que había sido magistralmente lubricado y dilatado por la lengua de su amigo. Mientras tanto, mi esposa llenaba su boca con el miembro del calvo. Esta situación duró menos de dos minutos, la doble penetración provocó en Noelia un profundo y largo orgasmo, su grito invadió todo el local. Esto estimuló a los que la penetraban, quienes eyacularon casi simultáneamente. Mientras Noe seguía con su trabajo oral con el tercero. – Ahora me la vas a dar toda – Anunció. Diciendo esto lo miró a los ojos, tomándolo de los testículos empujó la verga hasta su garganta mientras metía su dedo mayor en el culo del hombre. Fue demasiado, el de barba soltó varios chorros de semen en la garganta de Noelia, y los que estaban cerca pudieron ver los movimientos de su cuello al tragar la ofrenda del sujeto. Noelia se vistió ante la mirada atónita y satisfecha de sus ocasionales amantes. – La pasé hermoso – dijo finalmente. -Mauri, otro día repetimos. ¿Vamos, mi amor? Dejé el dinero de la cuenta sobre la mesa y salimos del lugar.


Titulo original

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