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No Aguanto a mi Jefa Parte 2

La dominación sobre Susana continua… todavía iba a sufrir mucho más.

Karla volvió del lavabo mientras Matilde había extendido toda la loción y había vuelto a sentarse.

-» Una vez afeitado tu sexo, daremos cuenta de tus pechos. Estoy embarazada y mis pechos están inmensos. Uno de los pequeños inconvenientes. Tus pechos son muy bonitos, pero después de estos días tardaran algún tiempo en volver a estar igual. Laia es la elegida para esta tarea y seguirás sin la mordaza. Me gusta oírte gritar.»

Laia cogió con las dos manos los pechos de Susana, mientras esta suplicaba clemencia que sabía bien que no tendría. Los sopeso, acaricio y estrujo sin delicadeza. Luego se dedicó íntegramente a sus pezones marrones y pequeños hasta que en contra de los deseos de su propietaria estuvieron excitados y duros. Para ello uso tanto sus manos como su boca. Cuando estuvieron bien duros cogió el pezón derecho con dos dedos y lo estiro levantándolo varios centímetros estirando el pezón, la piel y elevando todo el pecho consiguiendo sacar a Susana un fuerte grito cuando lo soltó y como un muelle este volvió a su posición inicial.

Laia me había sorprendido durante estos días y estoy seguro de que ni ella misma conocía la vena sádica que ahora le había salido. Repitió el mismo procedimiento con el otro pezón.

-» Siento decirte que voy a torturar tus tetas con fervor, pero mientras yo hago esto Marta se encargara de darte algo de placer. Disfruta de él.»

Marta acerco sus labios al todavía doloroso sexo de Susana y con su lengua empezó a rozarlos. Laia había escogido ese momento para colocar dos pinzas metálicas en los mismos centros de los pezones. Esto hizo que otro grito escapara de los labios de Susana y también que la lengua de Marta lamiese su clítoris que ya había localizado pero que hasta el momento había eludido tocar. Laia volvió de la mesita y recogió dos cubiletes de plástico que enseño a Susana.

-» No creo que sepas lo que es esto. Yo hasta hace poco tampoco. Son bombas de vacío. Te voy a colocar una en cada teta y vaciare el aire que quede en ellas. Al no haber aire se pegarán a tu cuerpo, pero su función principal será que al irse poco a poco el aire tus pechos se irán hinchando poco a poco hasta hacerse más grandes. Eso tardará un rato y será un poco doloroso ya que tu piel también se estira.»

Acabada la explicación Laia procedió a colocar las dos bombas de vacío sobre cada pecho y empezó a retirar el aire de su interior. Mientras tanto Marta siguió su trabajo labial sobre el sexo de Susana. Marta era toda una experta y había conseguido que Susana estuviese muy excitada en contra de sus deseos. Pasado un rato en el cual Laia había preparado el resto de las cosas en la mesita, volvió y empezó a introducir aire nuevamente en las bombas sobre los pechos de Susana. Estos se fueron despegando del cuerpo de Susana y ese era el momento en que Marta permitió correrse a Susana gracias a sus caricias. Marta había conseguido retener el orgasmo de Susana hasta este momento y ahora un largo y esperado orgasmo llego.

Laia volvió a sopesar de nuevo los pechos de Susana.

-» Han crecido bastante, ahora son casi el doble de lo normal pero no es suficiente pueden crecer más todavía. Te duele un poco pero todavía no se parecen a los de una verdadera embarazada que es mi propósito, pero pronto lo conseguiremos.»

Marta ahora se dedicaba a lamer todos los jugos que salían de Susana mientras Laia le retiro las dos pinzas metálicas consiguiendo un largo grito de dolor. Marta siguió intentando que Susana olvidar el dolor y poco a poco le fue introduciendo unas bolas chinas de metal en la vagina. Eran cuatro grandes bolas de metal unidas por una cadenita de metal. Entraban sin dificultad en la vagina de Susana y Marta las dejo momentáneamente allí.

Laia entonces le enseño a Susana, colocándoselo directamente sobre los ojos, una especie de costurero que llevaba en su muñeca lleno de agujas.

-» ¿Que vas a hacer con eso Laia? No por favor, no.»- fueron las palabras que roncamente y llenas de suplicas salieron de Susana.

-» No son agujas ordinarias. Están empapadas con una sustancia no letal pero que al unirse con la piel añaden además del dolor de la aguja clavada que la piel y carne de la zona se hinche. Con esto, aplicado a tus ya grandes tetas conseguiré que vuelvan a doblarse y entonces tus tetas tendrán 4 veces su tamaño normar.»

Sin esperar los comentarios o suplicas que viniesen de Susana, Laia cogió la primera aguja y la clavo en su pecho izquierdo, justo encima del pezón, pero sin tocarlo. Susana se pasó chillando y rogando durante todo el tiempo que la aguja fue clavándose en su cuerpo. Fueron casi tres centímetros de aguja los que fueron enterrados en su pecho. Marta retomo con más énfasis sus atenciones al sexo de Susana buscando que el dolor y el placer se mezclasen y así no supiese diferenciarlos. Cuando la aguja estuvo clavada del todo el dolor era soportable, parecido al de la picada de una avispa, pero poco a poco este fue aumentando.

Laia prosiguió clavando agujas sobre los pechos de Susana hasta que estos estuvieron decorados uniformemente con 20 agujas cada uno. Susana lloraba, pero sus sollozos se mezclaban con los gemidos de placer que Marta había conseguido arrancarle de los dos orgasmos que había tenido.

-» Estas preciosa, pero todavía no he acabado. Me quedan dos agujas. ¿Dónde crees que van colocadas estas últimas?»

Era una pregunta sin respuesta. Laia cogió las dos últimas agujas, una en cada mano, y con una mueca facial que revelaba un placer inmenso clavo estas dos últimas agujas en el mismo centro de los pezones de Susana. Un chillido inhumano salió de los labios de Susana resonando en las paredes. Su respiración se hizo más dificultosa y rápida con lo que el movimiento que hacía al respirar aumentaba más su dolor al estirar más la piel.

Marta siguió lamiendo el sexo de Susana mientras introducía un consolador en él, que sustituía las bolas chinas. Siguió así un rato mientras las agujas seguían clavadas en los pechos y Laia observaba con una sonrisa y le decía que las agujas se quedaran en su sitio hasta que consigas correrte de nuevo.

Por fin volvió a tener otro orgasmo bajo las ya expertas manos de Marta. Cuando su respiración volvía poco a poco a normalizarse Laia empezó a quitarle las agujas. Lo hizo con calma, disfrutando del momento. Cuando acabo examino los resultados.

-» Ahora sí. No puedes verlo, pero espera un momento que t e traigo un espejo.»

Marta fue a la mesa y trajo un espejo que coloco de tal forma que Susana pudiese ver sus pechos. Eran unas cuatro veces más grandes que el tamaño que hacía años tenía y estaban muy rojos e hinchados. Un dolor constante provenía de ellos. Laia los cogió, los levanto un poco, los estrujo, haciendo que el dolor que sentía se amplificase exponencialmente y nuevos gritos resonasen en la habitación.

-» Además de ser mucho más grandes están muy sensibles como puedes observar. Esta técnica la he observado personalmente a una chica y tardaron tres días hasta que sus tetas volvieron a su tamaño normal y durante todo ese tiempo y algo más sus tetas fueron muy sensibles.»

-» Creo que es tarde y sería buena idea hacer una parada para descansar antes de continuar. Además, una embarazada tiene sus necesidades. Marta métele un vibrador a esta esclava y conecta la vibración de la mesa al mismo tiempo para que no se olvide de donde está y no pueda dormirse.»

Antes de irnos a tomar algo, Marta cogió un consolador y se lo metió en el coño de Susana. Después lo conecto. Por último, conecto la vibración de la mesa. Poco a poco el lado izquierdo subía y después bajaba rápidamente, este movimiento de vaivén hacía que los pechos de Susana se balanceasen y provocasen nuevos dolores. Luego salimos.

Después de más o menos una hora volvimos a la habitación. Durante todo este tiempo habíamos ido controlando a Susana todo el rato y pudimos ver que a pesar del dolor su cuerpo le había traicionado al menos dos veces.

-» Ya estamos de vuelta Susana. Supongo que te había dicho que tu castigo era gravado. Te hemos estado observando y estoy segura de que serás una espléndida esclava. Poco a poco tus quejidos de dolor se han convertido en gemidos de placer gozando tanto del dolor como del placer. El movimiento de la mesa ha ido aumentando y al final solo gemidos salían de tu boca. Bueno ahora es el turno de Pedro. Su trabajo será el de ginecólogo. Te contare un poco. Se pondrá una bonita bata blanca y te hará una exploración completa. Ha practicado poco así que puede que no sea como un ginecólogo de verdad.»

Eso me devolvió al fin de semana pasado. Martha y yo estuvimos en la mansión de una amiga de Karla como invitados y pudimos aprender diversas cosas, pero eso es otra historia. Me levante y me lave las manos después de ponerme la bata blanca. Marta mientras tanto había extraído el consolador de su cuerpo y había colocado las piernas de Susana, moviendo las alas, como si estuviese en una silla de ginecología. Por último, le levanto la cabeza para que pudiese observarme. Un potente foco fue enfocado hacia su sexo y el resto de las luces se apagaron. Me puse unos guantes y me senté en un taburete delante de ella.

-» Bueno Susana aquí estoy. Una pequeña cosita. No quiero oírte ni una palabra, si sale alguna de ella tu castigo aumentara.»

Mis dedos comenzaron a explorar, pero había demasiados jugos empapando su sexo. Cogí una toallita y lo sequé lo mejor que pude. Mis dedos separaron los labios internos, los externos ya quedaban separados por la posición de sus piernas, hacia los lados y arriba y abajo y comienzo a deslizar el espéculo dentro de ella mientras un par de dedos pellizcaban su clítoris buscando que saliesen unas palabras de su boca. No lo conseguí, solo un quejido salió de sus labios. El frío metal se deslizaba abriendo camino y ampliando las vistas.

-» Sigues caliente, pero no te puedes correr.»

Baje más el foco, iluminado cada grieta del sexo expuesto. Entonces cogí dos pinzas de metal, se las enseño y las coloco una a una en el interior de sus labios para que estos no se cerrasen. Eso si la hizo gritar, pero ningún sonido parecía una palabra.

Mis dedos ahora arrasaron con su clítoris excitándola y buscando que tuviese un orgasmo en mis manos. No soy tan experto como Marta, pero poco a poco lo fue consiguiendo y por fin Susana se corrió en mis manos. Mi vista nunca había sido mejor y pude observar cómo los jugos se iban deslizando de sexo abierto.

-» No has podido evitarlo verdad. Pues seguiremos adelante.»

Cogí un pincel muy fino u con él comienza a tocar de nuevo su clítoris. Mientras tanto un consolador anal le fue colocado en mi mano y enterrado rápidamente en su culo. Entro muy fácilmente debido a los jugos que se habían ido escapando de su sexo y se habían ido introduciendo en él, pero quizás demasiado.

-» ¿Marta le has sondeado el culo a esta esclava?

-» No señor.»

-» Entonces Susana no es virgen por este agujero. ¿Contesta? 2

-» No.» Consiguió decir Susana entre gemidos y gruñidos.

Sonriendo para mi quite las dos pinzas y fui sacando el espéculo de su sexo. Las caricias del pincel y el espéculo fueron sustituidas por un consolador especial. Esta tenía una goma en su centro que permite introducir líquidos al interior. Conectado a este tubo hay un pequeño motor que se encarga de coger agua. Lo conecto y voy llenando la vagina de Susana con agua que hace que su vientre se hinchase. Cuando considero que su vientre no puede absorber más liquido me detengo. Saco el tubo del consolador y este se cierra impidiendo la salida de líquido de su interior.

-» Con los inmensos pechos que te ha puesto Laia y esta barriga si que te pareces a una embarazada de verdad, ¿no creen?»

Susana no puede aguantar más, su vagina quiere expulsar él líquido, pero el consolador se lo impide. Yo juego con ella sacando un poco el consolador para después volverlo a meter mientras acaricio su vientre redondo. Al final le saco todo el consolador apartándome y dejando que él liquido cayese a un cubo que Marta se había encargado de colocar debajo.

Cuando todo el líquido ha escapado de su vagina sustituyo el consolador por mi propio pene que durante toda la noche ha estado como una roca esperando su oportunidad. La penetro violentamente mientras Marta se dedica a sacarle y meterle el consolador anal. Mis dedos retuercen sus pechos haciendo que además de gemidos de placer, gritos de dolor saliesen. Consigo aguantar el tiempo justo para que cuando mi semen inunda su vagina ella se corra de nuevo. Luego vuelvo a mi asiento.

-» Casi hemos terminado tu primer día de entrenamiento Susana. Solo quedan Olga y Martha, y su parte es conjunta, pero no aquí en la otra habitación.»

Marta, Olga y Martha desatan a Susana de la mesa y la intentan poner de pie, pero está muy cansada y si no la sujetasen caería al suelo. En procesión detrás de Karla nos dirigimos a la otra habitación. En medio de ella hay dos postes perpendiculares al suelo donde Susana es sujetada en forma de X quedando sus piernas y brazos muy estirados. Exceptuando a Olga y Martha el resto nos sentamos.

-» La última parte de la jornada. Toda buena esclava tiene que sufrir el castigo de los azotes y de eso se encargaran Olga y Martha.»

-» Mi turno Susana. De la forma que estas atada todo tu cuerpo queda expuesto a ser azotado y así lo será.» – le dijo Olga.

En su mano apareció una vara y comenzó a azotarla. Sus primeros golpes buscaron sus axilas y después recorrieron el cuerpo de Susana sin llegar a tocar ni sus pechos ni su sexo, pero concentrándose en cambiarlo de la espalda, el vientre y su culo.

Los gritos continuos de dolor resonaban en la habitación con cada azote que Olga le daba. Cuando se cansó y estuvo satisfecha de su trabajo, paro y cedió el turno a Martha.

Martha ya estaba preparada pero Susana estaba casi desmayada. Marta la reanimo.

-» No te desmayas, no tendría gracia. Olga ha usado una vara, pero yo usare un látigo de nueve colas e imagínate que partes de tu cuerpo sentirán este instrumento.»

Martha no espero respuesta y descargo su primer golpe buscando que las tiras del látigo golpeasen sus hinchados pechos. Y los golpeo bien. Durante el fin de semana que estuvimos entrenándonos y preparando esto se había entrenado a conciencia y sus golpes eran mortíferos, como pudo comprobar Susana. Los chillidos de Susana volvían a ser inhumanos mientras las tiras de cuero iban dejando los pechos de Susana cubiertos de finas líneas rojas. Sus pezones tampoco se libraron de los mortíferos golpes.

Cuando se cansó paro momentáneamente. Acaricio su obra y sonrío mientras Susana lloraba y gemía. No tenía fuerzas ni para decir nada. Sus dedos buscaron su sexo y por extraño que parezca lo encontró excitado y eso le gusto.

Luego retomo los azotes, buscando esta vez los muslos y sobre todo su sexo. Los azotes caían sin piedad y las tiras de cuero buscaban sus labios. Los chillidos bajaban de nivel, pero las lágrimas seguían. Los tres siguientes golpes fueron obras de puntería. Las puntas de las tiras tocaron el clítoris de Susana y le dieron de lleno. Estos golpes hicieron que por ultimo los chillidos se transformasen en gemidos de placer cuando después del último azote Susana se corrió. Susana se retorcía de placer mientras Martha continuo sus azotes dejando el sexo y volviendo a sus pechos. Cuando el orgasmo de Susana disminuyo, su cabeza se apoyó en su cuerpo.

Pero Martha no había acabado. Cinco azotes de nuevo dirigidos de nuevo a su clítoris dieron por terminada la jornada inicial.

Ahora Susana estaba desmayada después que estos últimos azotes la volvieran hacer gritar. Aparte de Marta y yo, el resto abandono la habitación. Unas se fueron a dormir a las habitaciones que quedaban libres y es resto salió hacia el hotel que estaba cercano donde le esperaban su familia.

Desatamos a Susana y entre los dos la bajamos a su dormitorio. Este era una jaula de metal de 1,5 metros de largo y 1 metro de ancho. Le atamos con una cadena al cuello y cerramos la jaula dejándola allí hasta mañana.

Final por el momento.