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Perdiendo la virginidad SWINGER (parte 1)

Profile: SUANDJORGE Polanco, Ciudad de México, MEX

(En español como el idioma original)

Perdiendo la virginidad SWINGER (parte 1)

Toda historia empieza por el principio y, en esto del SWINGING como en el tango, hay que encontrar la pareja apropiada con la que incursionar en la aventura. En última instancia, esta vez a diferencia del Tango, «It takes at least 3 to SWING»… y 2 de esos 3, los debe aportar uno. Confieso tener una mente caliente que pasa buena parte del día y casi toda la noche en el tema del sexo por lo que el SWING me atrajo desde el principio, hace muchos años, aunque mi estúpida timidez siempre me impidió «venderle» la idea a ellas.

Es curioso cómo pasan las cosas. Un día, en una larga época en la que había estado sumergido en experiencias muy ingratas y tristes, decidí darle un escape a mi espíritu y darme algunos minutos de respiro banal y sencillo. Así que en un viaje de negocios a Tijuana planeé dar una escapada nocturna a un tabledance, con la idea de hartarme de mirar bellas y beber un par de cubas libres (segunda y tercera confesiones del día: Me encantan las mujeres y NO SOY FINO, me gustan las cubas). Y allí… Oh sorpresa me encontré con alguien que me cambiaría la forma en que entendía la vida…

Apareció por la puerta de donde salían las hermosas, de la mano del capitán de meseros que la traía a mi mesa. La miré incrédulo y maravillado, como quien de pronto, en medio de la tormenta, ve abrirse las nubes aceradas para ceder el paso a una franja de cielo azul por la que se filtra un rayo de sol, generoso, cálido, luminoso.

Me pareció que el mundo se detenía y de pronto misteriosamente desaparecían las puertas del mundo que me aprisionaba y angustiaba.

Debajo de una cascada irreverentemente abundante de pelo negro surgían unos ojos negros vivos, brillantes, profundos que parecían contener todas las estrellas del firmamento dentro de ellos, enmarcados por unas pestañas gruesas rizadas. Su mirada era franca y sincera, veía de frente sabedora de que no tenía nada que ocultar. Una nariz recta, pequeña, perfecta, cuyas ventilas tenían la peculiaridad de abrirse y cerrarse obvia pero discretamente con su respiración y unos labios delgados, rosados que me parecieron que gritaban con estridencia ¡Bésame!, configuraban un rostro, que una vez mirado, se resistía con ferocidad a permitir que la atención fuera a otro sitio.

Por si ello fuera poco, el cuerpo de la hermosa, cubierto por una túnica ligerísima que permitía apreciar curvas y redondeces, no tenía nada que envidiar a la misma Venus de Milo que si se la hubiera encontrado en una reunión hubiera salido corriendo empapada en lágrimas.

Soy Paola, dijo con voz juguetona. Mucho gusto. Yo soy Jorge, contesté, dándole tres besos en las tersas mejillas. Mientras se sentaba a mi lado sentí una desconocida e irresistible fuerza que me atraía hacia ella como hacia el mismísimo vórtice de un tornado, de esos que asolan el medio-oeste norteamericano llevándose todo lo que encuentran a su paso, y escasos segundos más tarde me sorprendí a mí mismo preguntándole, sin ambages, cuál era su nombre real, no el de actriz.

Llevo algunos años en este planeta y en ese largo transitar he tenido la suerte de frecuentar probablemente miles de bares en decenas de ciudades y sé, desde siempre, que tres cosas no se obtienen fácilmente en ellos: El nombre real de ninguna de las hostesses, su teléfono o un beso en los labios.

Pero… debió ser aquella la noche en la que los ángeles del caos decidieron cambiar las reglas del juego y allí mismo empezamos a romper los paradigmas establecidos. Ella, de inmediato y sin reparo alguno, me reveló su nombre. Me llamo Su, me dijo con un tono sonriente aunque serio y yo comprendí que esta vez era verdad y adiviné que en ese momento se habían caído para siempre las máscaras. Las redes de protección del anonimato que resguardaban nuestras identidades (y con ellas nuestras vidas personales) desaparecieron. Tácitamente nos confiamos mutuamente el uno al otro y aceptábamos que lo que allí pasara no sería una simple fantasía de tabledance sino una parte real de nuestras historias de vida. Allí empecé a enamorarme de ella como un loco, como un adolescente de su primera novia.

Personalmente supe en ese instante que ese episodio tan inesperado como extraordinario, se convertiría en uno de esos pasajes en la vida que dejan su marca. El brillo de unos ojos, la dulzura de unos labios, el compás de unas caderas y la simpatía que los animaba se conjugaron para instalarse en el mismo centro del alma, de la mía, para siempre.
Dec 04, 2024 – 14 days.
Perdiendo la virginidad SWINGER (parte 2)

SUGIERO QUE ANTES DE LEER ESTA HISTORIA LEAS LA PARTE 1

Levanté la mano para llamar al capi, un atento personaje al que apodaban «Caballo», y le pedí que trajera a Su lo que deseara beber y ella pidió una botella de un vino blanco espumoso italiano que por lo visto estaba de moda. Yo pedí otra cuba libre.

Una animada conversación siguió con Su. Regresando a las presentaciones añadió: «Mi nombre completo es Su Martínez Ruiloba, soy del estado de Guanajuato, hija y nieta de mujeres bravas que no se dan nunca por vencidas y de un padre cariñoso que trabajó incansablemente en el sector energético hasta su muerte al principio del verano pasado. Estoy divorciada de un personaje de quien prefiero no acordarme y de cuyo hogar salí literalmente con lo que tenía puesto. Lo único maravilloso de mi matrimonio fue un hijo guapísimo, que hoy tiene 9 años y que ha sido y será el hombre más importante de mi vida.

En mi vida cotidiana soy modelo de fotos publicitarias, conductora de un programa de radio e interpreto algunos papeles para obras de teatro y algunas películas de cine. Estudié algo de leyes y hace unos meses viví en la ciudad de México trabajando para el gobierno de la ciudad. Con lo que me pagaban, apenas podía subsistir, pagar mi rentita y comer, así que en una ocasión en la que a éstas dificultades se les agregó el que uno de los oficiales de mayor rango de la dirección decidiera insinuárseme en forma altanera y grosera, decidí negarme, renunciar, coger mis cosas y regresar a casa.

Hoy no gano mucho más, pero estoy con mi gente y cuando necesito apuntalar las finanzas de mi pequeña familia me vengo a Tijuana, a este Tabledance de cuyos dueños y empleados soy amiga, y hago cuatro o cinco números por noche en los que me desnudo ante hombres que me devoran con la mirada».

Adivinando que me estaba empezando a excitar su conversación le brillaron los ojos, sonrió y continuó: «De vez en cuando algún parroquiano pide un baile personal, me lo llevo a un cuarto privado que hay detrás. Me desvisto completamente ante él, le pongo mi tanga en la nariz y le hago oler la esencia de mis jugos vaginales y luego se la pongo en la boca para que la chupe y sepa a qué sabe mi vagina, le pongo mis pechos en las manos, dejo que me bese toda y que me toque las nalgas. Para ese momento claro, yo suelo estar ya muy excitada y coloco su mano en mi vagina y le pido que me meta un dedo o dos. En algunas pocas veces, cuando el cliente es realmente hábil (y algunos lo son) y me prende… pues no me queda más que bajarles los pantalones y los calzones, mamarles la verga y dejarme coger. En realidad el trabajo me produce buen dinero y no es desagradable, siempre hago lo que quiero con quien quiero. Nadie me obliga a nada, si yo quiero parar y se me pone difícil alguien, sólo tengo que llamar al Caballo y sin miramiento echa al cliente del bar».

Para esas alturas de la conversación, yo me preguntaba si podría considerarme entre los afortunados a los que Su consideraba dignos de «mamarles la verga y cogérselos».

Sus labios me parecían que gritaban con desesperación: «Bésame, lámeme, méteme la lengua» y mi erección ya era visible sobre mis vaqueros cuya bragueta amenazaba con reventarse… ella lo sabía y sonreía… Por un momento pensé que había sido un error tomarme el Viagra antes de llegar al club… Pero pronto me convencí de que no era así.

En ese momento llegaron las bebidas, al tiempo que por un micrófono un locutor anunciaba que el siguiente baile erótico estaría a cargo de la «bellísima» Lily y solicitaba al público sus aplausos. De la puerta de camerinos en efecto salió Lily, una chica de pelo negro, con labios carnosos pintados de rojo intenso y grandes ojos, vestida con un traje de dos piezas que apenas cubría unos senos jóvenes y redondos y una tanga de hilo dental con pedrería por el frente para esconder, con poco éxito, lo que se adivinaba como un sexo igualmente carnoso, jugoso y apetitoso.

Lily, me dijo Su, es una gran amiga y es una hermosa mujer… Aunque debo decirte que es gay y me tiene puesta la mirada porque cada vez que nos cruzamos en los camerinos -y a veces aún en frente de los mismos clientes trata de besarme y tocarme- y siguiéndome la mirada me cuestionó: ¿Tú que piensas?, ¿verdad que es la más bella?

Las mujeres son seres increíbles que formulan preguntas con el fin de obtener la confirmación de algo que tienen en la mente y que generalmente no es consistente con el parafraseo de su cuestionamiento. Lo realmente difícil es adivinar qué es lo que quieren confirmar y responder adecuadamente, porque de otra forma se cierra la puerta de su aceptación para siempre. En este caso, me encontraba yo literalmente rodeado entre dos fuegos, dos alucinantes bellezas y ello no me tenía nada tranquilo. Al salir Lily y dar la primera pasada por el escenario se dio cuenta de la presencia de Su a mi lado y de inmediato procedió a dedicarnos su acto, no es necesario decir que ello no hacía más fácil el separar mi mente de esas piernas, esos pechos, esos ojos, esos labios… y menos ahora que se quitaba con gracia inaudita el sostenedor dejando los pechos al aire, coronados por dos pezones de forma cilíndrica, listos para embestir al que se pusiera por enfrente.

Luego tocó el turno de partir a la diminuta tanga, con lo que sólo quedó vestida con sus zapatos de tacón de aguja de 15cms de alto. Sus nalgas perfectamente redondas, suaves y tersas quedaron a escasos centímetros de mí, se sentó en el piso del escenario y girando hacia nosotros quedó cara a cara conmigo, separó lentamente sus torneadas piernas y dejo ante nuestra vista su vagina apetitosa, rosada, con aspecto húmedo. Temblé.

Se incorporó lentamente, se acercó a Su, le dijo algo al oído y se rio mirándome a mí. Su se volvió y me dijo que Lily le había pedido que me besara a mí, que me diera su saliva y su lengua para que yo luego besara a Lily y ella pudiera probar el sabor de Su…

Uffff … Para mí, lo que allí estaba ocurriendo era como un sueño (recuérdese lo que había yo aprendido durante años de ir a bares y antros: No número de teléfono, no nombres reales y nunca besos en la boca a las hostesses) del que no quería despertar y le contesté que si era por petición de Lily no podíamos negarnos.

Sin más acerqué mis labios a Su, le tomé la cabeza con las dos manos y le di un beso largo, largo, largo, le lamí los labios despacito, respire todo su aliento caliente, nuestras lenguas se acariciaron, me penetró toda la boca con su lengua, nos olvidamos del entorno y de Lily, y un largo rato después regresé en mí, absorto, como un niño que había besado por primera vez a su compañera de banca. Ese beso no lo voy a olvidar jamás… Su también tenía un aspecto un poco conmocionado pero despertó de la ensoñación antes y me dijo: «Besa a Lily porque si no va a querer besarme a mi»

Lily nos había estado mirando con asombro y seguramente envidia (de mi) mientras nos besábamos y me seguía atenta con la vista. Me acerqué a ella, le rodeé la cintura desnuda con el brazo, le puse las manos entre las nalgas redondas, suaves y cálidas y la atraje suavemente hacia mis labios. Increíblemente Lily se estremeció, entrecerró los ojos y se dejó besar con suavidad primero y luego con pasión. Me lamió con una lengua larga y caliente los labios y me dejó catar todos sus sabores. Mis manos jugaban con su sexo húmedo pasando por detrás de sus nalgas.

Su comprendió la situación e insistió con su pregunta de si Lily era la más bella para recuperar la atención. No tienes ni que responder, me dijo, se te ve en la cara que no puedes dejar de verla.

Ese fue el toque que yo necesitaba para separar la vista de Lily, volverme a Su y decirle, clavándole mi más intensa mirada, que con mucho ella era la más bella del planeta y que yo solo ponía atención a Lily porque se estaba esforzando en complacerla como amiga. No mirarla ni atenderla, le expliqué, sería una descortesía de nuestra parte, sería un desaire que de ninguna forma merece. De inmediato continúe la conversación admitiendo ante Su que mi mayor defecto era que las mujeres me encantaban y que encontraba muy injusto que en este mundo hubiese que competir con tantos otros hombres que babeaban como yo en cuanto aparecía una mujer como ella.

La situación de hecho, le dije es ahora peor, porque las mujeres también se han dado cuenta de la clara superioridad estética y emocional del género femenino y se ha hecho evidente que ya muchas prefieren también a las mujeres como compañeras sexuales.

Lily recogió su ropa y se fue de nuevo al camerino.

La conversación parecía hacerle gracia a la bella, así que continúe relatándole que de acuerdo a un estudio estadísticas en los Estados Unidos el 70% de las mujeres del estado de California entre 17 y 28 años de edad declaraban ser bisexuales. Ello, es competencia desleal para nosotros, los pobres hombres, que ya no solo tenemos que enfrentar la competencia de muchísimos otros hombres sino de una cantidad importantísima de mujeres que ahora querrán tener relaciones con las pocas mujeres heterosexuales puras que quedan.

La pregunta obligada que le hice fue justamente si ella no tenía inclinación por otras mujeres, aunque solo fuera ocasionalmente. Su adoptó su aire serio, prendió un cigarrillo y contestó: «No, en realidad sólo juego con otras mujeres cuando algún cliente insiste en que lo haga pero no me gusta»… Y me reviró en forma inesperada: «¿Y tu? … ¿Has tenido experiencias homosexuales con otros hombres?… ¿Te han gustado?».

La asertividad, el desparpajo y franqueza de Su me dejaron sorprendido. Allí estaba esa deslumbrantemente hermosa criatura a la que acababa de besar como nunca en mi vida había besado a nadie, que me tenía en un estado de excitación lujuriosa que ya rayaba en la locura y que de pronto me hacía una pregunta que nadie nunca en mi vida me había hecho. «Verás», le contesté, «Sí». Su no daba crédito a lo que oía y ponía su absoluta atención a mis palabras: «En unas vacaciones al mar, a las que habíamos ido varios amigos del colegio, para poder acomodar el número de chavales en la casa a la que habíamos ido, nos tocó dormir en camas matrimoniales. Claro niños con niños y niñas con niñas… no fuera a ser… A mí me tocó acostarme con uno de los amigos que resultó ser gay. Con el calor ya te imaginarás, dormíamos en calzoncillos, todos con el pene medio excitado. De pronto para mi enorme sorpresa, sin mayor aviso, sentí una mano -que no era la mía- posada sobre mi verga… y… ya te supones, pegué un buen brinco. Yo no sabía muy bien qué decirle ni qué hacer, primero estaba confuso y no entendía bien a bien lo que acababa de pasar, por una parte me daba vergüenza por él ponerlo en evidencia, por otra pensaba que debía indignarme y emprenderla a bofetadas y en última instancia, lo que sí sabía, era que tenía que no dormir en la misma cama que él. El amigo continuó su abordaje diciéndome que estuviera tranquilo, que no haría nada que no me gustase y que estaba dispuesto apostar lo que yo quisiera a que si le daba 5 minutos me haría desear con pasión el que me mamara la verga… y luego… dijo… luego veríamos…».

Su abría los ojos con interés a mi relato. Tengo la impresión incluso de que la estaba encendiendo con fantasías nuevas que difícilmente nadie se hubiera atrevido a contarle. Me interpeló, prendiendo otro cigarrillo, clavando su mirada angelical en mis ojos: «…. ¿Y qué pasó?…».

Le contesté con toda franqueza: «Mira Su, a los 16 o 17 cuando eres un quasi-niño turbo-cargado con hormonas y que se te acerca otro amigo en extraordinarias condiciones físicas y te reta de esa forma… La verdad te la piensas… y yo me la pensé».

Y entonces Su me interrumpió con ansias: «Ay dime por favor… ¿Y dejaste que te mamara la verga? … ¿Y te viniste en su boca?… ¿Y te lo cogiste?»

Solté una gran carcajada y le dije: «No la respuesta es no, y no sé si fue por miedo a algo que percibí en aquel momento como anti-natura, o que para entonces yo ya había descubierto a las mujeres y que sabía que yo había nacido para vivir con esas criaturas extraordinarias vivencias sexuales. Como contigo y con Lily hace un rato… Temo desilusionarte pero no… me rajé, no pasó nada, no acepté su reto, encontré otro lugar donde dormir y me guardé la historia desde entonces hasta hoy que te la cuento a ti»

Ahora Su, le dije: ¿Te puedo hacer una pregunta? … ¿Tú has alguna vez compartido a tu novio o pareja con alguna amiga tuya en tu presencia?… ¿Has participado alguna vez en una orgía o en un intercambio de parejas con alguien a quien amas?… ¿Has cogido en público?


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